En Barranquilla me quedo: Carnaval 2016

30 personas, 22 nacionalidades, 1 casa, 5 días. Eso en su máximo auge; unos días había más, otros menos pero el factor diversión y las buenas conversaciones siempre estuvieron presentes. Gente venida de todas partes del mundo para celebrar uno de los mejores carnavales del mundo: el de Barranquilla. Gracias a la generosidad y apertura de una excelente familia colombiana de couchsurfing, el intercambio cultural se vivió de forma intensa en la calle 8 del municipio Puerto Colombia.

Andando descalza: lo conseguido hasta ahora

¡Buenas! vengo con muy buenas noticias y todo gracias a la aportación de los que decidieron apostar por mi proyecto “Un libro, una sonrisa”. El primer proyecto al que apoyamos, “Arte y Alma”, tiene como fin llevar arte a los niños de las zonas más desfavorecidas de Lima. Todo empezó con una reunión de unos cuantos muchachos pero pronto se corrió la voz y el proyecto fue haciéndose más y más grande. ¡Tanto que ayer, 5 de diciembre, expusieron su propio documental! Puedes encontrar toda la info aquí: https://www.facebook.com/ArteyAlma.pe. Estoy muy orgullosa de haber participado y de ver cómo ha crecido este bello grupo de personas entusiastas y amantes del arte.

Cusco con “s”

Dejamos Ollantaytambo atrás, lugar inca por excelencia; para ir a Cusco, otra meca inca en la que la fusión de culturas se hace latente en la arquitectura. Por el camino descubrimos cruces acompañadas con vaquitas de cerámica en los hermosos tejados, que representan la dualidad andina, herencia de ese mismo pasado inca.

Cuando lo pierdes todo

Probablemente esta sea la entrada más dramática y sentimental que he publicado. Ya tenía preparada una entrada sobre Cusco, una ciudad que nos encantó y de la que no nos queríamos ir, pero algo se nos cruzó por el camino. Algo llamado vida, algo llamado cosas que pasan cuando viajas. Una mano muy larga y perversa se me acercó, como muchas de las que hay cuando te enfrentas a un país que no conoces y a otras normas a las que no estás acostumbrada. Sí, me robaron por primera vez en mi vida.

Ollantaytambo, la ciudad inca viviente

Bajamos de Machu Picchu, estamos cansados y necesitamos descansar de verdad. La bajada dura una hora y media pero eso sí, por escaleras. Ya ni sentimos las piernas. Luego dos horas y media más hasta la hidroeléctrica pero esta vez en llano. Detrás de la estación tenemos la suerte de encontrar a un señor que hace de taxista y nos lleva a Ollantaytambo por 20 S./, cuando en realidad un taxi te costaría el doble. Allá que volvemos a la locura de carretera y hablamos con el paisano que al gobierno peruano no le merece arreglarla porque mientras tengas la opción de tren y de pagar caro por él, no se van a molestar en dar otra alternativa.