¡¿10 años de aventuras por el mundo?!

En ese mismo instante me di cuenta de qué era lo que me pasaba. Estaba llegando a un punto de inflexión en mi vida y yo, sin escuchar a mis adentros, evitaba tener una conversación a fondo con mis agallas. Se había cumplido una década desde que mis pies empezaron a andar por intuición, solos y medio tambaleándose. Empecé pisando con miedo e inseguridad pero con la certeza de que lo que estaba haciendo era lo que más me movía por dentro.

Andando descalza: lo conseguido hasta ahora

¡Buenas! vengo con muy buenas noticias y todo gracias a la aportación de los que decidieron apostar por mi proyecto “Un libro, una sonrisa”. El primer proyecto al que apoyamos, “Arte y Alma”, tiene como fin llevar arte a los niños de las zonas más desfavorecidas de Lima. Todo empezó con una reunión de unos cuantos muchachos pero pronto se corrió la voz y el proyecto fue haciéndose más y más grande. ¡Tanto que ayer, 5 de diciembre, expusieron su propio documental! Puedes encontrar toda la info aquí: https://www.facebook.com/ArteyAlma.pe. Estoy muy orgullosa de haber participado y de ver cómo ha crecido este bello grupo de personas entusiastas y amantes del arte.

Bohemia: Kutná Hora y Hradec Králové

Me levanto a las 5 de la mañana con ganas, un nuevo destino me espera. Me voy del campamento escuchando a los pajaritos y siguiendo mi camino. De tren en tren y tiro porque me toca. En las cabinas hay gente para todo; están los que saludan con un Ahoj!, los que lo hacen con un Dobrý den! y luego los que pasan directamente. Yo sonrío y repito lo que dicen, eso en cualquier idioma queda bien.

República Checa: sur de Bohemia

Cojo el tren de nuevo y esta vez me voy más lejos. Me dicen que estoy loca, que voy a pasar más tiempo en el tren que en la ciudad pero a mí me da igual. Solo tengo dos días y medio para recorrer casi mil kilómetros.

Me subo en los trenes con el entusiasmo propio de un niño que se va a montar en una de sus atracciones favoritas. Y es que no es para menos, los trenes cuanto más antiguos, más me gustan. Déjalos que vayan lentos, no hay prisa… Ya me encargo yo de radiografiar la estampa que ofrece la naturaleza por la ventana.

República Checa de punta a punta: Moravia

Ya hace tres veranos que hice este viaje pero no consigo quitármelo de la cabeza. Es uno de los viajes en los que más libre me he sentido y por eso he decidido contároslo al detalle.

Todo empezó cuando decidí irme a un pueblo impronunciable en las montañas checas al este del país, Kunčice pod Ondřejníkem, a enseñar español e inglés en un campamento de verano como práctica voluntaria de AIESEC. Un campamento en el que niños de 6 a 16 años iban principalmente a aprender a bailar hip hop y zumba entre otros bailes modernos.

Buscando al turista perdido

Cojo el tren de nuevo y esta vez me voy más lejos. Me dicen que estoy loca, que voy a pasar más tiempo en el tren que en la ciudad pero a mí me da igual. Solo tengo dos días y medio para recorrer casi mil kilómetros.

Me subo en los trenes con el entusiasmo propio de un niño que se va a montar en una de sus atracciones favoritas. Y es que no es para menos, los trenes cuanto más antiguos, más me gustan. Déjalos que vayan lentos, no hay prisa… Ya me encargo yo de radiografiar la estampa que ofrece la naturaleza por la ventana.

Extremadura, mi segunda tierra

Recuerdo cuando era niña y le decía a mí tía «tita, yo quiero bailar ese baile típico de aquí», refiriéndome a la jota extremeña que bailaban los niños en las fiestas de mi pueblo. Yo pasaba del chotis, me parecía muy aburrido y monótono. Me apetecía un baile más colorido, más gracioso, no bailar sobre una baldosa dando círculos (sé que nos es la mejor época para decir esto, gatos perdónenme).

Eran otros tiempos…

Mucha gente me dice que qué suerte tengo, que qué valiente soy por haberme ido seis meses sola a explorar Asia. Ayer estuve un rato en casa de mis abuelos y como casi siempre que nos vemos hablamos del tiempo que estuvieron en Alemania trabajando.

Se fueron en los años 60 a buscar una vida mejor, sin NADA. Con una mano delante y otra detrás. Se fueron porque aquí no había nada, huían de un país empobrecido y coartado de libertad. Huyeron de una dictadura.

¿Estará ahí mi tesoro?

Y escuchar sólo a mi corazón es algo que no puedo hacer siempre. Leves sonidos de piedras que caen, hojarasca que se mueve quizás por la presencia de algún ser animado que quiere encontrarme. ¿Encontrarme? De repente, una puerta me cierra el paso, debe ser porque aquí no está mi tesoro. Buscaré otra salida entonces. ¿Música? ¿para qué? prefiero el silencio y la paz que sugieren mis pasos lentos al tocar el suelo.