Guayaquil, la ciudad vista desde un faro

Guayaquil, un primer contacto con Ecuador

Pasamos unos días tranquilos en Guayaquil, disfrutando de buena compañía y excelentes conversas. Es nuestra primera ciudad de Ecuador, después de haber dejado a Perú atrás. Nos sentimos con ganas de empezar otro capítulo, de descubrir una nueva cultura que aunque hermana de la peruana, cuenta con rasgos distintos.

La frontera representaba para nosotros un nuevo comienzo, un nuevo despertar. Las fronteras son esa marca imaginaria que creamos los humanos para controlar, para establecer límites. Yo las uso como método de transición, de finales y de comienzos; de apreciación por lo vivido y de ganas por ver lo que está por llegar. Y claro, está, ¡para tener otro sellito en mi pasaporte!

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Cuando cruzas fronteras, inconscientemente buscas nuevos rasgos, detalles y formas de vivir y actuar que lo diferencien del destino anterior. Llevas contigo algo del país que acabas de visitar y así es cómo se añaden a la lista, que sabes que seguirá creciendo.

Bus Guayaquil

Empezamos Ecuador con ganas y con mucha suerte. Paco, nuestro gran salvador de Couchsurfing, nos alojó durante unos días. No sabíamos que acabaríamos forjando una gran amistad; como pasa en muchos casos en los que la gente te da todo, aunque a primeras ni te conozcan. Esta gente esta hecha de una pasta distinta, conocedora de otras culturas, costumbres y formas de vivir.

Gracias a nuestros embajadores de Couchsurfing, probamos la colada morada, un postre con frutas que se toma en las fiestas de los muertos, celebrada el 1 de noviembre. Lo acompañamos con pizza y pan “resheno” argentino, hecha por una pareja de argentinos que, como muchos, deambulan por Sudamérica con la facilidad de quien se va a comprar el pan todos los días.

Personalmente tengo que aprender más de esos argentinos que lo dejan todo y se van a recorrer Sudamérica sin tiempo fijo y buscándose la vida por el camino. Ah, y la mayoría de las veces a dedo. Mis héroes, sin duda.

argentinos Guayaquil

Barrio Las Peñas

Guayaquil guarda con orgullo sus casas bonitas, sobre todo en el barrio de Las Peñas donde se agolpan sin ley en los cerros como en tantas ciudades latinoamericanas, pero esta vez cuidadas y bien presentadas para el que quiera ir a verlas (y con seguridad en cada esquina para que no te vayas por donde no debes).

Casitas colores Guayaquil

Sin tener en cuenta esta zona, Guayaquil me parece una ciudad gris, en la que el sol incesante no te abandona y su humedad junto con sus 30 a 38 pegajosos grados hace que quieras irte de allí, por ejemplo, a la sierra a refrescarte.

Desde su faro descubro una ciudad enorme, que ha crecido a orillas del vasto río Guayas. Me quedo mirando la silueta de la ciudad, intentando comprenderla, intentando desdibujar su complejidad diaria.

Embobada en mis pensamientos, mirando al horizonte, siento que esta ciudad se mueve muy rápido. O serán mis pensamientos, que corren de ciudad en ciudad, de experiencia en experiencia.

Panorámica Guayaquil

Todo agolpado, como si hubiese tenido prisa por crecer. Como cuando tienes 15 años y quieres tener 18. Así. Descolocado, hiperurbanizado y gris, así es Guayaquil.

Sus banderas ondean al viento de un pueblo alegre y amable aunque ahora golpeado por un desastre natural. Desde aquí mi fuerza para Ecuador, que lo necesita más que nunca. Porque cuando estuve las personas que conocí me dieron su todo, sin esperar nada a cambio, qué menos que dedicarles unas palabras.

No dejéis de visitar este bello país, la mayoría de las zonas turísticas están intactas a pesar del terremoto y de esa forma ayudaréis a que Ecuador se levante.

 

 

 

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