Cuando lo pierdes todo

Probablemente esta sea la entrada más dramática y sentimental que he publicado. Ya tenía preparada una entrada sobre Cusco, una ciudad que nos encantó y de la que no nos queríamos ir, pero algo se nos cruzó por el camino. Algo llamado vida, algo llamado cosas que pasan cuando viajas. Una mano muy larga y perversa se me acercó, como muchas de las que hay cuando te enfrentas a un país que no conoces y a otras normas a las que no estás acostumbrada. Sí, me robaron por primera vez en mi vida.

Dharamshala, un primer contacto con la India espiritual

Dharamshala, el lugar más espiritual y multicultural en el que he estado. Recorrer sus calles es oler budismo por todas partes, es sentir un Tíbet libre. Disfrutar de su gastronomía es saborear una mezcolanza de etnias y países. Te embruja en cada esquina, bares de distintas nacionalidades; coreanos, japoneses, tibetanos… tiendas místicas y rincones espirituales que te animan a ser mejor persona.

Por qué sigo usando cuadernos

¡Qué me gusta un cuaderno! sobre todo cuando viajo. Esos magníficos objetos llenos de páginas que esperan ser escritas. Me gustan tanto que hasta he llegado a pensar que soy adicta a ellos. Los uso sobre todo como bitácora y son, junto a mi mochilita roja, mis posesiones más preciadas cuando viajo. El cuaderno se llena de mis primeras impresiones, de choques culturales y curiosidades varias del país donde esté.

Eran otros tiempos…

Mucha gente me dice que qué suerte tengo, que qué valiente soy por haberme ido seis meses sola a explorar Asia. Ayer estuve un rato en casa de mis abuelos y como casi siempre que nos vemos hablamos del tiempo que estuvieron en Alemania trabajando.

Se fueron en los años 60 a buscar una vida mejor, sin NADA. Con una mano delante y otra detrás. Se fueron porque aquí no había nada, huían de un país empobrecido y coartado de libertad. Huyeron de una dictadura.

¿Estará ahí mi tesoro?

Y escuchar sólo a mi corazón es algo que no puedo hacer siempre. Leves sonidos de piedras que caen, hojarasca que se mueve quizás por la presencia de algún ser animado que quiere encontrarme. ¿Encontrarme? De repente, una puerta me cierra el paso, debe ser porque aquí no está mi tesoro. Buscaré otra salida entonces. ¿Música? ¿para qué? prefiero el silencio y la paz que sugieren mis pasos lentos al tocar el suelo.