República Checa de punta a punta: Moravia

De Polonia a Moravia

Ya hace tres veranos que hice este viaje pero no consigo quitármelo de la cabeza. Es uno de los viajes en los que más libre me he sentido y por eso he decidido contároslo al detalle. Desde Polonia viajé a República Checa, explorando las zonas de Moravia, Bohemia y alrededores de Praga.

Todo empezó cuando decidí irme a un pueblo impronunciable en las montañas checas al este del país, Kunčice pod Ondřejníkem, a enseñar español e inglés en un campamento de verano como práctica voluntaria de AIESEC. Un campamento en el que niños de 6 a 16 años iban principalmente a aprender a bailar hip hop y zumba entre otros bailes modernos.

Para ir cogí un vuelo a Cracovia, aprovechando que tengo una amiga allí y que es muchísimo más barato volar a Polonia y cruzar la frontera. Cracovia respira buen rollo, el río Vístula le da mucha vida en verano y pasear por sus calles es toda una tranquilidad. Otro día os hablaré más de esta ciudad tranquila, joven y animada.

De momento os dejo mi sitio favorito, en el que desconectar de una ciudad, que aunque no muy bulliciosa siempre se agradece un respiro en la naturaleza. El Lago Zakrzówek fue una mina de cal que se inundó y hoy en día sirve de playa para los ciudadanos de Cracovia. Es precioso y es seguro nadar.

Lago Zakrzówek en Cracovia

Está a escasos 20 minutos de la ciudad y se llega en bus o tranvía y la parada más cercana es ‘Norymberska’. En verano se llena ya que es un sitio muy agradable donde puedes darte un chapuzón y tomar el sol. En los alrededores además hay muchos caminos para hacer senderismo e incluso clases de buceo.

De Cracovia tampoco puedes irte sin probar la Zapiekanka, un pan en el que tiene cabida todo tipo de ingredientes:

Zapiekanka in the jewish quarter in Krakow

Con la tripa llena cojo un tren y me voy. Cruzo la frontera, paso de un Dzień dobry a un Dobrý den en cuestión de segundos. Casi todo se parece pero al mismo tiempo no; el idioma se parece, la gente se parece, el paisaje que pasa por mi ventana se antoja el mismo pero hay algo distinto. Como en toda frontera, las similitudes juegan a asemejarse y las diferencias saltan, queriendo ser vistas, orgullosas de sí mismas. Llego al campamento, un lugar idílico en las montañas, donde el estrés no existe.

zona de Moravia en República Checa

Cada semana y algo teníamos días libres así que el tiempo que tenía lo aprovechaba para conocer el país. Los primeros destinos, por cuestión de cercanía fueron Ostrava y Olomouc.

Ostrava

Nos pillaba a una hora del campamento y es a donde teníamos que ir para hacer trasbordo a cualquier otro sitio. Es una ciudad muy industrial tanto que la llaman el corazón de hierro del país pero aún así merece un día de visita (o medio). De hecho cada año se celebra el festival de música Colours of Ostrava dentro de Dolní oblast Vítkovice, la zona donde se preserva el centro de fábricas antiguas.

La plaza del mercado en Ostrava
La plaza del mercado

Y encontrar galletas de jengibre con frases del estilo “Te quiero, Papá” o “Para la mejor persona del mundo” que pensé que solo existían en los mercados de Alemania, ¡pues no!

Galletas de jengibre en Moravia

También se puede subir a la torre del ayuntamiento pero la verdad es que las vistas no son de lo mejor, os aconsejo que paséis a Olomouc directamente.

train in Czech Republic
La red de trenes del país es muy amplia y siempre puntual. Aunque se habla muy poco inglés con estos cartelitos no tendrás pérdida.

Olomouc

Desde Ostrava nos llevó una hora y algo llegar a esta ciudad. Tiene un reloj astronómico con un toque del realismo socialista que particularmente me gustó más que el de Praga (más que nada porque puedes pararte a verlo sin que te arrollen miles de turistas) y un queso apestoso (olomoucké tvarůžky) que no os recomiendo probar si no os gustan los deportes extremos. La señora en el supermercado me dio una bolsa de plástico para envolverlo con cara de decir “pobrecita, esta no sabe lo que va a probar”. Con eso os digo todo…

Olomouc is a must see in Moravia

La plaza del Ayuntamiento (Horni náměstí) alberga el reloj y es testigo del legado de Patrimonio de la Humanidad, como otros doce lugares en la geografía checa. No hay dudas de por qué este es el casco histórico más grande del país después de Praga.

La Columna de la Santísima Trinidad: aunque los checos se declaran en su amplia mayoría ateos, quedan en el país vestigios de lo que un día fue parte del imperio austrohúngaro.

olomouc es un destino imprescindible en Moravia

La Catedral de San Wenceslao es sede del arzobispo de la Archidiócesis de Olomouc. La plaza recibe este nombre en honor a San Venceslao, duque de Bohemia.

Qué ver en Moravia

Los parques son algo que no te puedes perder. El que está alrededor de la fortificación es muy tranquilo:

Parque Olomouc en Moravia

Las afueras de Olomouc son bonitas también, como la zona de la Iglesia y Monasterio de St. Kopacek al que se puede llegar en el bus número 11 en menos de 20 minutos.

St. Kopacek Church and Monastery in Moravia

Volvemos al campamento. Esta experiencia hace que vea la cultura checa a través de sus niños, a través de lo que piensan sobre el mundo y sobre “mi mundo”. Me hace gracia lo que saben sobre mi país (aunque se confunden un poco con México y las telenovelas) pero para eso estoy aquí, para hacerles ver que hay más allá de su frontera.

Rep Checa

Lo que veo a través de los ojos infantiles lo compenso conociendo su historia con visitas a lugares como éste:  

Jardines Lednice-Valtice

Para llegar fuimos en tren a Břeclav y anduvimos unos diez minutos hacia el complejo pero también hay autobuses. La zona de Moravia está llena de castillos, palacios y jardines; influenciados por el estilo reinante que provenía de Viena. La verdad es que da gusto darse un paseo por estos jardines, te transportan a otra época. Es un sitio para llevarte el bocadillo y disfrutar el día entero.

Lednice gardens in Moravia Hay hasta un minarete del siglo XVIII que sirve de mirador; una de las construcciones más grandes de su estilo en un país no islámico. jardines de Lednice en Moravia

Brno, capital de Moravia

Dejamos los jardines pero seguimos en la zona de Moravia, tierra de vinos. Brno me pareció la más ciudad de todas; llena de tiendas y comercios, se nota que es la capital de Moravia. Le dedicaría mínimo dos días para ver con tranquilidad lo que tiene que ofrecer.

La Catedral de San Pedro (Katedrála sv. Petra): emblema vivo de la ciudad, se ve desde casi todas partes pero para verla más de cerca lo mejor que puedes hacer es subir a la colina Petrov.

Catedral de San Pedro

Castillo de Špilberk, un paseo por aquí merece mucho la pena para ver la ciudad desde otra perspectiva pero siempre con la catedral como protagonista.

Castillo spilberk

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La ciudad tiene mucho que ofrecer, se puede andar por todo el casco histórico e ir descubriendo la multitud de iglesias y edificios que retratan la historia y cultura del país.

El Brno Reservoir es un buen lugar para dar un paseo en barco después de un largo día de caminata. Hay varios recorridos dependiendo del tiempo que tengas y de lo que quieras ver. Hay uno de ellos que te lleva a ver un castillo que hay en el monte. Si no eres mucho de barcos, es un lugar muy bueno para ir de picnic o relajarte un rato.

Reservoir Brno

En esta ciudad descubrí varios bares checos, de los de verdad. Hay muchas bodegas y bares subterráneos donde la cerveza es la protagonista esencial de toda reunión. Incluso en uno de los bares había competiciones por mesas para ver quién bebía más con una pantalla en el centro del bar donde ponía los litros que se iban consumiendo por mesa.

Beer Brno

(Sí, en cada mesa hay un grifo para que te sirvas tú mismo) ¡Todavía no he encontrado un país en el que la cerveza sea tan barata!

Dejamos Brno atrás y volvemos a nuestra “casa” pero seguimos en Moravia. Un día exploro la zona yo sola y me pierdo entre el silencio de su naturaleza camino de Kunčice pod Ondřejníkem a Trojanovice, un camino de descubrimientos. Otro día subimos más arriba, hasta la zona en la que en invierno se esquía y en verano puedes disfrutar del verdor en su lejanía, montada en un teleférico. Con cada nueva ciudad, cada nuevo paisaje voy descubriendo otra cara de este país y entrelazando la complejidad de lo simple de esta cultura.

 

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